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84 pinturas de grandes maestros que España perdió en las guerras Napoleónicas

20 Julio 2022

¿Sabías que a principios del siglo XIX hubo uno de los mayores expolios artísticos en España?. Como seguro sabrás las guerras siempre contraen pérdidas en muchos sentidos y en cuestión de pintura nuestro país tuvo un gran agujero debido a José I Bonaparte, Rey de España por un efímero tiempo. Muy probablemente estas piezas a día de hoy estarían o colgadas en el Prado, o de varios Reales Sitios de Madrid y alrededores…por lo tanto perdemos una gran oportunidad. ¿Queréis conocer más?


Una guerra que no sólo fue dura para población civil…también en los palacios reales

El período de 1811-13 fue uno de los más convulsos políticamente y socialmente en la Península. Los Bonaparte venían con intenciones reformistas en contra del absolutismo y la diferencia de clases sociales, pero debido al rechazo de su dinastía y poder, esos principios ilustrados nunca fueron aplicados. Todo lo contrario, nuestro país se vio sumido en una vorágine de guerra de independencia que se cobraría muchas vidas y que partió a una nación entera. 

Cuando el nuevo gobierno se vio totalmente acorralado en Madrid hizo lo que muchos dictadores de tercera han hecho: irse no solo con lo puesto, también con muchos bonus. Aun siendo una persona ilustrada, José I no fue la excepción y cuando se marchó arrasó con los grandes maestros españoles. Durante la batalla de Vitoria en 1813, fue encontrado el equipaje de José I, que escapó por los pelos de las tropas liberadoras. Aunque pudo llevarse consigo algún que otro lienzo valioso, un grueso de 84, como os decíamos, quedaron en el carruaje, junto un curioso orinal realizado en plata.

Continúa el periplo para el tesoro español

El general Wellington, héroe de la guerra y futuro duque, fue el que pudo liberar en esa batalla al pueblo español. En un acto de protección artística, las obras fueron llevadas a Inglaterra hasta que la contienda terminara, para así ser devueltas a sus poseedores. El traslado era fácil ya que el breve rey español se cercioró de desenmarcar y desclavar del bastidor todas las pinturas, y enrolladas con sus dibujos y grabados preparatorios. En un primer momento fueron salvaguardadas por parte del hermano de Wellington, Lord Maborough, pero con la llegada triunfal a Londres de Wellington, estas fueron depositadas en su residencia. Catalogadas a la perfección por William Seguier, conservador de la pinacoteca real y más tarde de la National Gallery, esperaban un destino muy incierto en territorio inglés.

 

Llamadas de socorro a España y posterior asentamiento en Apsley House

Cuando terminaron las guerras napoleónicas la mayoría de generales y altos mandos fueron no solo condecorados, también ennoblecidos por las distintas naciones liberadas. Por ejemplo Wellington recibió de España el título de Duque de Ciudad Rodrigo, distinción que aun mantiene la familia con Grandeza de España. Al llegar a sus tierras natales, pusieron orden en sus propias casas, ya que volvían con grandes fortunas, y había que administrarlas. Si algo tuvo claro el duque, es que con el tesoro español, se debía seguir una moral muy estricta: la devolución de las piezas era obligatoria. Fue así como en un primer momento, el 14 de marzo de 1814 le pidió a su hermano que era enviado especial en nuestro país, Henry Wellesley, cómo proceder para el traslado. Según cuentan las crónicas, no se conoció respuesta del rey recién bienvenido, Fernando VII (muy probablemente tenía otros dolores de cabeza a su llegada). Al ver que no había respuesta, Wellington quiso probar otra baza, y fue cuando contactó con el embajador en Londres de España, el conde de Fernan Nuñez. Este asimismo, contactó con el monarca en Madrid y es ahí donde hubo la resolución final: Fernando VII le concedía como regalo (además del propio título ya entregado) toda la colección de pintura. Otros monarcas (incluídos los rusos, holandeses, franceses y austríacos) harían lo mismo, enriqueciendo de forma estratosférica al héroe de guerra. Suponemos que el que lo recibió en Londres no cabría en su dicha; en ese sentido, una buena nueva le acompañaba: estaba reformando la recién adquirida Apsley House, a escasos metros de Buckingham Palace y en el arco triunfal de entrada de Hyde Park. En esta reforma pidió exprofeso realizar una galería para todo el contenido ofrecido, y fue así como una de las más magníficas salas en esta mansión urbana nació. A día de hoy, aún siendo la residencia oficial de la familia Wellesley, la planta noble y baja pueden ser visitadas y todo su contenido puede ser admirado.

 

¿Qué obras destacan entre todo el botín? 3 muy representativas

Seguro que en este momento ya os preguntáis cuáles eran las pinturas que destacaban más en toda esta incautación amistosa. Pues sí, los primeros apellidos de los grandes artistas nacionales son los que conformaron la galería. Algunos de ellos son:

El Papa Inocencio X por Diégo Velazquez

Durante su estancia en Roma pintó el retrato del Papa Inocencio X. El cuadro de cuerpo entero está colgado en la Galleria Doria Pamphilj de Roma. Se dice que el retrato de la Colección Wellington es una copia que el artista hizo para traer a Madrid.

Una carta fechada el 8 de julio de 1651 del Nuncio del Papa en Madrid afirma que Velázquez regresó de Italia trayendo consigo "un buen número de originales de los mejores pintores, así como un retrato muy parecido de nuestro Señor (Inocencio X) que su majestad (el Rey de España) ha mostrado disfrutar mucho".

Hécate: Procesión a un Sabbat de Brujas de José de Ribera

Es una copia exacta de un grabado de Agostino Veneziano. Los tonos de la carne y el hecho de que esté pintado sobre cobre podrían reflejar la influencia de las escuelas holandesa y flamenca. El tema se ha interpretado como una bruja bajo la apariencia de Hécate, la diosa de la magia, montando el esqueleto de una figura monstruosa, con su séquito. Hay una inscripción en la que se lee Raphael Urbinas inventor, lo que implica que se trata de un diseño original de Raphael.

El vendedor de agua de Diego Velázquez 

Se trata de uno de los primeros cuadros más famosos de Velázquez, realizado en su ciudad natal, Sevilla, cuando era un muy joven antes de trasladarse a Madrid.

La escena representa un anciano con ropas harapientas sirve agua a sus dos clientes; el joven del primer plano aparta su pálido rostro del aguador de piel oscura, el segundo cliente está en la sombra. El uso de la luz para modelar sus personajes y producir un retrato sombrío y conmovedor demuestra la habilidad del artista. El espectador no es invitado a entrar en el cuadro, los sujetos apartan su mirada no sólo de nosotros, sino también de los demás.

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La variada colección de tiaras de la familia real noruega

23 Mayo 2022

La familia real de Noruega es una de las más modernas en Europa en cuanto a establecimiento de su dinastía, pero a su misma vez tiene una de las colecciones de joyas más antiguas y valiosas del continente: en ese sentido destacan diademas y tiaras de los siglos XIX y XX que provienen de importantes regalos, dotes y adquisiciones a grandes joyeros. ¿Queréis descubrir cuáles? 

 

1. La tiara de diamantes de Josefina

Empezamos con una de esas diademas que formaron parte de los primeros lotes de joyas que entraron en Noruega cuando este reino independiente no tenía ni tan solo 50 años. Creada originalmente en Suecia para su famosísima reina, Josefina, dicha pieza fue pasando de manos en manos hasta llegar a Oslo. Primero fue heredada por su nieta la reina Luisa de Dinamarca, la cual la usaría con mucha asiduidad. Al fallecer esta y al considerarse una pieza personal y transferible en herencia, fue a parar a uno de sus hijos menores, el príncipe Gustav. Al fallecer este último, su sobrina, de origen sueco, fue la que introdujo esta maravillosa pieza al reino noruego. De esta forma y consiguientemente Sonja, la actual reina, es la poseedora a través de su marido de esta reliquia.

Morfológicamente es una tiara alta que sigue las modas típicamente de principios del siglo XIX en una época en que el imperio llegaba a su cúspide a nivel artístico y decorativo. Es por eso que encontramos de forma interrumpida coronas de laurel rodeando grandes diamantes, rosetones perfectamente simétricos y guirnaldas. 

 

2. La tiara de la cruz maltesa

Otra de las piezas consideradas históricas en cuanto a origen y edad es sin duda la tiara de la cruz maltesa, llamada así por sus impresionantes tres piezas desmontables: una de ellas contiene un mastodóntico diamante central. ¿Su origen? de nuevo, el más regio posible. Realizada en Londres fue creada para la futura Reina Maud de Noruega, hija de los entonces príncipes de Gales. La inspiración para dicha pieza nos recordará muy rápidamente a un diseño plenamente británico, la corona de Estado de Jorge IV, considerada una de las joyas de representación más importante de los Windsor. Como muchos sabréis esta joya también contiene dichas cruces intercaladas con hojas de trébol y otros motivos vegetales. Suponemos que fue así como los de Gales quisieron obsequiar a su hija con una diadema que de bien seguro, le recordó a su madre patria. Como podéis ver en las siguientes fotos, puede ser transformada de múltiples formas, desde una simple bandeau con tan sólo la base, hasta con las cruces puestas en distintas áreas.

3. La tiara de diamantes de la Reina Maud

Seguimos con la misma reina de origen inglés, la Reina Maud. Esta tiara fue curiosamente otro regalo procedente del Reino Unido pero no de la familia real, si no de un grupo de aristócratas y amigos que se consideraban muy allegados a la futura Reina. Dicha tiara era una de las de mayor tamaño en sus baúles, y contenía elementos transformables: los diamantes en talla rosa de la parte superior podían ser intercambiables por turquesas, un tipo de gema que era muy típica en las últimas décadas del siglo XIX y pps. del XX. Esta importante diadema fue pasando de manos a manos hasta llegar a la hermana del actual rey, la princesa Ragnhild, la cual la dejó en herencia de nuevo para que volviera a la bóveda real. Es así como en 2013 re-entró en la línea principal, pero sin ser nunca lucida de nuevo por ninguna princesa ni la Reina Sonja. ¡La esperamos con mucho gusto!

4. La tiara de perlas de la Reina Maud 

Y...de nuevo volvemos con la reina Maud, ya que es posible que con dicha princesa y luego reina hubiera la mayor aportación al joyero real. La novedad que introducimos en este caso es el de las perlas: muy comunes en las piezas historicistas de finales del siglo XIX. De origen completamente natural, tienen forma de perilla y se intercalan en tamaño degradado partiendo desde el centro. Fue creada en 1896 y de nuevo regalo de sus padres los príncipes de Gales y futuros Eduardo VII y la Reina Alejandra. Al fallecer Maud, dicha pieza no sería vista de nuevo hasta la Reina Sonja, la cual la empezaría a usar a finales de los años 60 después de su matrimonio con el rey Harold. Una de las curiosidades que rodean a esta histórica joya es su robo y su posterior copia (sí, sí, tal y como lo leéis).

En 1995 se tomó la decisión de restaurar dicha pieza y se confió como es por supuesto, con Garard, la joyería que creó esta maravilla. Por la noche la caja fuerte fue forzada y la pieza robada, acabando en paradero desconocido. Las sospechas recayeron en todos los tabloides londinenses en alguien interno de la casa, pero aún a día de hoy, no se conocen los activos de dicho expolio. Podéis imaginar el bochorno de Garard...por dicho motivo se embarcaron en una costosa reproducción, extremamente fidedigna, de la diadema de 1896. Al cabo de unos meses la Reina Sonja la recibió y es así como la ha seguido luciendo hasta llegar a nuestros días; tanto la princesa Mette-Marit como Martha la han lucido en algunas ocasiones en su versión más peuqueña.

 

5.  La tiara de esmeraldas noruega

¡Y por fin entramos en las gemas de color! Y además con la espectacular tiara de esmeraldas de la familia Leuchtenberg. Dicha dinastía, que se origina en el sur de Alemania de principios del siglo XIX con el matrimonio de Eugene Beauharnais (hijastro de Napoleón Bonaparte) y la princesa Augusta de Baviera, supo muy bien con quien codearse. Es por este motivo que los encontramos a partir de 1820 relacionados con las casas reales e imperiales de Portugal, Francia, Suecia o Rusia. Debido a eso, y a que tuvieron el amparo de los Wittelsbach, su situación económica era única y adquirieron muchísimas joyas para uso representativo y sobretodo, para dotes. El origen de esta tiara fue precisamente este, el de la entrega de joyas por un importante matrimonio, cuando Amelia de Leuchtenberg casó con el Emperador de Brasil. A través de varias herencias llegó a manos de la Princesa Ingeborg de Suecia, que a su misma vez la ofreció a su hija, Marta de Noruega. Curiosamente debía de ser un salvavidas, ya que se la dio como seguro económico cuando los monarcas noruegos se tuvieron que ir al exilio. Al no pasar por demasiadas estrecheces, pudieron salvaguardar la pieza en toda su estancia en EEUU y no venderla, luciéndola de nuevo a partir del año '45 tras la gran contienda.

 

6. Tiara de amatistas moderna

Además de seguir con una joya con gemas de color, queremos con esta pieza, adentrarnos en una de las tiaras consideradas modernas dentro del tesoro real noruego. Construida probablemente en la segunda mitad del siglo XX como parure completo (incluyendo pendientes, broches y pulsera) esta alhaja es una de las favoritas de la actual Princesa Mette-Marit y su cuñada, la Princesa Marta. En ese sentido muestra uno de los diseños más elegantes de todos los conjuntos reales, con varios rosetones montados en brillantes, diamantes talla pera, y amatistas en ambos cortes. Entre todas las gemas se conforma una diadema alta para lucir con peinados recogidos o sueltos, siendo una de las más versátiles.

 

7. Tiaras de la princesa Astrid

Como ya pasara con su otra hermana, la princesa Astrid heredó de su madre en legado directo varias tiaras, algunas muy antiguas y otras de manufactura nueva del siglo XX. Dichas piezas acostumbraban a estar en propiedad directa de la Reina y no se consideraban cómo representativas de la línea directa. Así pues, tal y como pasa en otras casas reales, los hijos e hijas menores las reciben como parte compensatoria a lo que siempre recibe el heredero al trono, que es muchísimo más. De la princesa Astrid podemos destacar por ejemplo la tiara Vasa como una de las más importantes que recibió: realizada en 1929 como regalo de la ciudad de Estocolmo a la princesa heredera Marta (de origen precisamente Sueco) dicha diadema está realizada en brillantes de varios tamaños y sigue un estilo art decó tardío.

De este lote de joyas también destaca un interesante bandeau en brillantes que es lucido en raras ocasiones por la princesa noruega.

Por último llaman la atención las famosas "aigrettes", un tipo de tiara tembladera que se luce levitando encima de un peinado. Dicho tipo de joya fue muy popular en los años 30 y casi todas las casas reales tenían varios ejemplos. En cuestión de una década dichas piezas se veían un tanto ridículas y raras, y se transformaban o en broches o pulseras. Este no fue el caso de la princesa Astrid quien, con una valentía digna de admirar, las luce con su habitual desparpajo y campechanismo. 

 

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Pierre Lottier, un genio olvidado en pleno auge en el mundo de las subastas

04 Enero 2022

Estamos seguros que a muchos de vosotros la figura de Pierre Lottier no os es nada exótica: los más expertos en antigüedades aprecian y valoran los distintos diseños de un decorador que a lo largo de su carrera no solo acumuló fama por su refinamiento y elegancia, también polémicas y escándalos que hoy ilustraremos. ¿Os interesa?

¡Seguid leyendo!

Inicios: educación refinada y contrabandismo

Los inicios de Pierre Lottier están aún por investigar pero si tiramos de hemeroteca o leemos la publicación "España y el expolio de las colecciones artísticas europeas durante la Segunda Guerra Mundial: el informe oficial de 1998" de Jose Manuel Serrano Alvarez descubriremos como este diseñador y decorador francés empezó en el mundo de las antigüedades y arte.

Su padre era el célebre restaurador y homónimo Pierre Lottier, el cual fundó e 1880 "La Reserve" de la Costa Azul, uno de los establecimientos de la alta sociedad más valorados por millonarios y aristócratas. Gracias a este primer contacto con el dinero, supo conocer los gustos de el nuevo rico de los años 10-20, lo que le reportaría una valiosa información para los futuros negocios y clientes.

El famoso establecimiento "La Reserve" en los años '30

En los años 30 se instaló en Madrid, apartado por la sociedad francesa por ser homosexual, y entró en contacto con la élite española de la época como conseguidor de importantes obras de arte y sobretodo, arte oriental como porcelanas y bronces. Durante esta etapa de su vida se le conoció por tener una relación sentimental con el artista Jean Cocteau, que seria boicoteada con la llegada del franquismo y las restricciones a dicho colectivo. 

A partir de los años 40, se le empezó a relacionar con Eric Shiffman, un marchante, espía alemán y contrabandista que es relacionado con los peores expolios de la segunda mitad del siglo XX. Aprovechando la ocupación de Francia por parte de Hitler, estos dos socios se aliaron para, de forma ilegal, hacer contrabando de los restos de grandes fortunas francesas venidas a menos por la contienda. Las porcelanas japonesas y chinas fueron su predilección, y según citaban varios periódicos en los 40' como La Vanguardia, fueron multados y arrestados en varias ocasiones en la frontera de Hendaya. Entraban dichas piezas sin permisos y con adquisiciones de dudoso origen (muchas veces de expolios nazis a judíos y vendidas por capitostes a contrabandistas).

Años 50: asentamiento como decorador y proveedor del franquismo

A partir de los 50 se estableció entre la ciudad de Madrid y Barcelona de manera individual. En esta última ciudad llegó a fundar un gran taller y tienda (lo que ahora llamaríamos showroom) donde exponía sus últimas creaciones en muebles y decoraciones completas en boiseries y pan de oro. Poco a poco la alta sociedad española olvidó su pasado manchado, y empezó a apreciar más y más su estilo historicista revisado.

 

Diseño para un comedor de unos clientes en Madrid, años '50. Sillería tipo Hepplewithe, mesa directorio y piezas de porcelana en las paredes

En Madrid tuvo dos grandes proyectos que gracias a ellos, saltó al trampolín del gobierno y los grandes encargos: el primero de todos fue la decoración de la mansión de Ava Gardner en Madrid. Para dicha creación, usaría las mejores lacas, muebles creados por él mismo, y las más refinadas porcelanas. Gardner preservaría a lo largo de su vida dicha decoración, recordándola con gran cariño. Por otro lado el gobierno de Francisco Franco le encargó el amueblamiento y diseño de las plantas nobles del recién creado Instituto de Cultura Hispánica. En este otro proyecto se basó en la arquitectura herreriana y manierista imperante en el nuevo edificio, por lo tanto primaron las maderas oscuras, y los estilos "neo" de los siglos XVI y XVII.

 

Hall para un establecimiento hotelero en España, mediados de los años '50

El gran salto comercial y desarrollo de un estilo

Hacia 1960 Lottier ya tenía un nombre forjado en el mundo de la decoración, y gracias a ello su tienda en Barcelona se convirtió en la cuna del buen gusto. Además de ello, importantes empresas del sector confiaron con él para algunos de sus más célebres diseños como Casa Valentí, la cual triunfó con una silla baja tipo safari, o la casa Gancedo para los tejidos más históricos. En esta época además fundó una sucursal del restaurante "La Reserve" en Santa Susana, decorado exquisitamente por él mismo y siguiendo la propuesta culinaria de los años 20 de su padre. El duque de Alba, los marqueses de Masnou o Cuba estuvieron en su inauguración, junto con diplomáticos y jerarcas franquistas, tal y como recogía una crónica de la Vanguardia del 16 de septiembre de 1967. Como veis, supo estar en lo mejor (y también lo peor al principio) pero... ¿en qué destacó su estilo a lo largo de su vida? 


Vestíbulo para un establecimiento hotelero de los años '60

Pierre Lottier empezó emulando un poco la carrera de Marc du Plantier, otro gran diseñador coetáneo, y la célebre Maison Jansen de Paris. Sus inicios se basaron en la pureza del "Grand Gout" francés, centrado principalmente en los estilos Luís XV y XVI. Más adelante, en los 50, derivó a los estilos ingleses típicos de finales de el siglo XVIII: Hepplewhite, Adam, Chippendale, Sheraton o Gillwood fueron los apellidos con los que Lottier más se inspiró, destacando sobretodo las sillas y sillones lacadas en blanco o negro y decoraciones en dorado pintadas a mano alzada. Hacia 1970 el estilo derivó a una estela más moderna: los nuevos pisos de la burguesía arribista pedían estilos más depurados, y Lottier supo hacer la lectura. Sus nuevos diseños se basaban en el Art Decó y racionalismo clásico, típico de una nueva sociedad más intelectual y "falsamente austera". Cada casa en zonas como Sarrià Sant Gervasi, Pedralbes o barrio de Salamanca y la Moraleja contenían habitualmente un comedor entero de Lottier, un despacho o un salón.

Investiguemos aquí algunos de sus diseños más célebres:

Sillas con brazos inspirada en modelos Sheraton, años '50.

Copete de un espejo estilo Regency de los años '50.

Mesa velador estilo Regency de los años '40.

Silla Valentí de mediados de los '50 

Un aplique estilo imperio de mediados de los '40

Consola estilo rococó-Reina Ana de los años '30

Uno de sus diseños más repetidos fueron este tipo de sillería basada entre un modelo de Hepplewhite y Gillwood de 1795: se realizaban lacadas en negro y dorado o blanco y dorado.

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Familia gran ducal de Luxemburgo: una pequeña dinastía para grandes tiaras

20 Octubre 2021

A lo largo de los dos últimos siglos los Nassau han ido acumulando una vasta colección de joyas entre parures completos, collares, brazaletes y tiaras. Como desde este blog no podríamos abarcar tan ingente cantidad de piezas, nos decantaremos los las tiaras, verdaderas obras de orfebrería que podemos admirar en actos públicos, bodas reales y recepciones. Vamos a repasar 7, las más conocidas de esta familia.

1. Empecemos por tamaño: la tiara imperio

Esta mastodóntica diadema es una de las más importantes de esta casa real, por peso, historia, realización y diseño. Concretamente fue creada alrededor de 1830 por la joyería de Jakob Tillmann Speltz para el uso exclusivo de la Gran Duquesa reinante de cada momento (con lo cual se trata de una pieza totalmente intransferible por tradición).

Tratándose de una de esas joyas que fueron realizadas en los orígenes tanto políticos como territoriales de ese pequeño Gran Ducado, esta tiara es usada habitualmente en los eventos más importantes de este estado. En la abdicación de la Gran Duquesa Carlota fue la pieza escogida, o el día de su propia boda, o por ejemplo, la actual Gran Duquesa Carlota, la usa cuando hay visitas de jefes de estado extranjero o enlaces reales como el de la Princesa Victoria de Suecia con Daniel Wrestling.

2. La tiara “pavo real” de Van Cleef & Arpels

Esta tiara es fascinante solo por la forma que tiene y el tipo de tallas usadas para conformarla. La historia de esta curiosa pieza se remonta a la época de la queridísima Reina Astrid de los Belgas, en un momento en que los modelos de Art Decó llegaban a su máxima expresión. Casa como Cartier, Bulgari o la propia Van Cleef & Arpels, constructora de esta diadema, realizaron joyas con tigres, jaguares, mariposas, libélulas o pavos reales. En este caso, esta alhaja es de las más usadas por la familia real, no tan solo por su línea principal, si no también por las secundarias.

3. La tiara de las hojas de vid

En este caso estamos en frente de la tiara más romántica de la casa: se trata de la que tradicionalmente se usa para los enlaces principales de esta dinastía, ya que como sabéis, las hojas de vid simbolizan la continuidad a través de sus semillas, y el enraizamiento fuerte en la tierra. ¿La relación con una Casa Real es clara, no creéis?

La morfología de esta joya es delicadísima, formada por finas hojas y parras enlazadas entre ellas en la estructura inferior. Aun no destacando excesivamente en cuanto a gemología (no contiene diamantes de gran tamaño), la mayoría de novias la han escogido para tan remarcado día. 

4. La tiara de la Gran Duquesa Adelaida

Seguimos con la inspiración imperio y neoclásica con esta elegante diadema. Fechada como una de las más antiguas dentro de las colecciones de los Orange Nassau, fue creada en la segunda mitad del siglo XIX para la Gran Duquesa Adelaida, uno de los personajes más elegantes de su momento. Hojas y bayas enmarcan un gran zafiro de intensa transparencia y color, gama relacionada directamente con la dinastía Borbón-Parma, una de las líneas directas en el árbol genealógico de los Luxemburgo. Raramente usada por sus descendientes, ha sido recuperada en los últimos 50 años por la Gran Duquesa Maria Teresa o más recientemente por un miembro secundario, la princesa Marie Gabrielle de Nassau.  

5. La tiara Art Decó con esmeralda de Chaumet

Es curioso cómo a veces de varias joyas con poco interés, o incluso feas, puedan salir, conjuntándolas, maravillas como esta tiara: la llamada “tiara Art Decó” nació en la década de 1920 como regalo de Navidad del príncipe Félix a su esposa, la Gran Duquesa Carlota. Realizada por la célebre casa parisina Chaumet, dicha obra de orfebrería, se creó como apuntábamos, a base de reaprovechar varias piezas de los Nassau. Nunca se ha filtrado la cantidad de quilates que suma la esmeralda central tallada en cabochón, pero se presupone que ya formaba parte de la colección familiar y que fue montada en ese momento, quedando un conjunto simétrico y con peso mayestático. En la década de los primeros 2000 esta fue una de las tiaras más usadas por la Gran Duquesa Maria Teresa.

 

6. La tiara gargantilla de Chaumet

Esta tiara, además de tener una configuración muy harmoniosa, tiene una peculiaridad: puede ser montada de 6 formas distintas, algo muy típico de las piezas de principios del siglo XX. Una de las más usuales es usarla como “choker” o ahogadera en el cuello, o a veces, la hemos visto sin las perlas coronadas y como sencilla diadema cerrada. 

 

7. La diadema de agua marinas Nassau.

Por último os mostramos otra diadema que puede ser transformada en collar, y que personalmente a nosotros nos gusta más en esa configuración. Dicha joya fue creada para la Gran Duquesa Charlotte en la mitad del siglo XX siguiendo modelos art decó, y con aguamarinas de un tamaño medio-grande. Dicha diadema fue ampliamente usada por su primera propietaria pero también por su heredera (política), la Gran Duquesa Maria Teresa de Luxemburgo.

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Subarna consigue vender un dibujo Picasso a 85.000€

15 Octubre 2021

La casa de subastas barcelonesa subastó el 7 de octubre una obra preparatoria para La comida del ciego de Picasso por 85.000€. Se trata de una obra trascendental en la trayectoria del pintor malagueño y, más en concreto, de su etapa azul, una de las más conocidas por el público. 

 Según nos cuenta Juan Carlos Bejarano, uno de los expertos en pintura de esta sala, un día se acercó a Subarna un particular aduciendo que poseía una obra de este artista. Cuando se trata de grandes nombres, por lo general y en un primer momento se suele desconfiar, ya que habitualmente se trata o de reproducciones o copias. Sin embargo, al verlo al natural, la primera impresión fue positiva, dada la seguridad del trazo y de la firma; además, el soporte era una tarjeta postal, un material reutilizado y humilde, muy acorde con la pobreza en la que se hallaba sumergido por aquellos años Picasso: sólo quedaba verificar si la obra aparecía reproducida en el famoso y enciclopédico catálogo razonado de Zervos (la “biblia” para cualquier estudioso en la obra de este genio). Efectivamente, allá aparecía junto a otros dibujos preparatorios que Picasso había esbozado para su obra maestra La comida del ciego (1903, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York). 

La investigación continuó intentando trazar la historia y orígenes de la creación de este dibujo. Así, la localización geográfica fue clave para descubrir ciertos detalles: por ejemplo, se trata de una obra estrechamente vinculada con Barcelona, donde ejecutaría esta pieza. En ese sentido, resulta fundamental el testimonio dejado en una carta escrita a su amigo el poeta francés Max Jacob, donde le explicaba: "Estoy pintando a un ciego en una mesa. Sostiene un trozo de pan en la mano izquierda, mientras que con la derecha alcanza una jarra de vino. Hay un perro cerca que lo mira. Estoy bastante contento con él [aunque] aún no está terminado". Por tanto, se trata de una obra que seguramente fue realizada entonces, en agosto de 1903, en Tiana (Barcelona), donde se alojaba en la casa de la familia Reventós. 

Por fechas y localización, se trata en consecuencia de una de las escasas creaciones de su etapa azul realizadas en Barcelona y que aún existían en colecciones particulares barcelonesas; además, tiene el aliciente añadido de que se había dado por perdida esta pieza durante décadas, reapareciendo sólo ahora: como podemos ver, ¡siempre hay Picassos por localizar o recuperar, nunca es un capítulo cerrado para la fascinación de los amantes del arte!


Una firma auténtica y una anterior, apócrifa

Un detalle que seguramente llama la atención es que la firma que aparece en la reproducción de Zervos difiere completamente a la del dibujo hoy aparecido. Pero esto tiene una explicación. En algún momento que aún desconocemos, alguien que no era el autor del dibujo dejó en la esquina inferior derecha una firma falsa. No obstante, los primeros propietarios de la obra, los hermanos Junyer-Vidal, amigos íntimos del pintor malagueño y poseedores de una importante colección de obra suya -entre ellos, algunos dibujos, como éste-, le pidieron a Picasso, probablemente a finales de los años 50 o principios de los 60 del siglo XX-, que firmara él mismo la obra (como así hizo con otras creaciones suyas), procediendo a eliminar la anterior: una prueba de que estamos hablando del mismo dibujo es que aún se puede percibir ligeramente la leve presencia de aquella primera firma, cerca de la más reciente y auténtica. 

Todo esto demuestra, por tanto, que tenemos la ocasión de haber podido recuperar una de las escasas obras del período azul realizadas en Barcelona que aún seguían en esta provincia, ya que el grueso se encuentra hoy día diseminado en colecciones -privadas y públicas- de todo el mundo, dada la gran demanda de obras de este período en la carrera artística de Picasso. Es por ello que es la primera vez que la obra se muestra al público en color, con la firma autógrafa de Picasso. En ese sentido, Subarna se muestra orgullosa de darlo a conocer al mundo y haber podido recuperar esta joya artística.