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Pierre Lottier, un genio olvidado en pleno auge en el mundo de las subastas

04 Enero 2022

Estamos seguros que a muchos de vosotros la figura de Pierre Lottier no os es nada exótica: los más expertos en antigüedades aprecian y valoran los distintos diseños de un decorador que a lo largo de su carrera no solo acumuló fama por su refinamiento y elegancia, también polémicas y escándalos que hoy ilustraremos. ¿Os interesa?

¡Seguid leyendo!

Inicios: educación refinada y contrabandismo

Los inicios de Pierre Lottier están aún por investigar pero si tiramos de hemeroteca o leemos la publicación "España y el expolio de las colecciones artísticas europeas durante la Segunda Guerra Mundial: el informe oficial de 1998" de Jose Manuel Serrano Alvarez descubriremos como este diseñador y decorador francés empezó en el mundo de las antigüedades y arte.

Su padre era el célebre restaurador y homónimo Pierre Lottier, el cual fundó e 1880 "La Reserve" de la Costa Azul, uno de los establecimientos de la alta sociedad más valorados por millonarios y aristócratas. Gracias a este primer contacto con el dinero, supo conocer los gustos de el nuevo rico de los años 10-20, lo que le reportaría una valiosa información para los futuros negocios y clientes.

El famoso establecimiento "La Reserve" en los años '30

En los años 30 se instaló en Madrid, apartado por la sociedad francesa por ser homosexual, y entró en contacto con la élite española de la época como conseguidor de importantes obras de arte y sobretodo, arte oriental como porcelanas y bronces. Durante esta etapa de su vida se le conoció por tener una relación sentimental con el artista Jean Cocteau, que seria boicoteada con la llegada del franquismo y las restricciones a dicho colectivo. 

A partir de los años 40, se le empezó a relacionar con Eric Shiffman, un marchante, espía alemán y contrabandista que es relacionado con los peores expolios de la segunda mitad del siglo XX. Aprovechando la ocupación de Francia por parte de Hitler, estos dos socios se aliaron para, de forma ilegal, hacer contrabando de los restos de grandes fortunas francesas venidas a menos por la contienda. Las porcelanas japonesas y chinas fueron su predilección, y según citaban varios periódicos en los 40' como La Vanguardia, fueron multados y arrestados en varias ocasiones en la frontera de Hendaya. Entraban dichas piezas sin permisos y con adquisiciones de dudoso origen (muchas veces de expolios nazis a judíos y vendidas por capitostes a contrabandistas).

Años 50: asentamiento como decorador y proveedor del franquismo

A partir de los 50 se estableció entre la ciudad de Madrid y Barcelona de manera individual. En esta última ciudad llegó a fundar un gran taller y tienda (lo que ahora llamaríamos showroom) donde exponía sus últimas creaciones en muebles y decoraciones completas en boiseries y pan de oro. Poco a poco la alta sociedad española olvidó su pasado manchado, y empezó a apreciar más y más su estilo historicista revisado.

 

Diseño para un comedor de unos clientes en Madrid, años '50. Sillería tipo Hepplewithe, mesa directorio y piezas de porcelana en las paredes

En Madrid tuvo dos grandes proyectos que gracias a ellos, saltó al trampolín del gobierno y los grandes encargos: el primero de todos fue la decoración de la mansión de Ava Gardner en Madrid. Para dicha creación, usaría las mejores lacas, muebles creados por él mismo, y las más refinadas porcelanas. Gardner preservaría a lo largo de su vida dicha decoración, recordándola con gran cariño. Por otro lado el gobierno de Francisco Franco le encargó el amueblamiento y diseño de las plantas nobles del recién creado Instituto de Cultura Hispánica. En este otro proyecto se basó en la arquitectura herreriana y manierista imperante en el nuevo edificio, por lo tanto primaron las maderas oscuras, y los estilos "neo" de los siglos XVI y XVII.

 

Hall para un establecimiento hotelero en España, mediados de los años '50

El gran salto comercial y desarrollo de un estilo

Hacia 1960 Lottier ya tenía un nombre forjado en el mundo de la decoración, y gracias a ello su tienda en Barcelona se convirtió en la cuna del buen gusto. Además de ello, importantes empresas del sector confiaron con él para algunos de sus más célebres diseños como Casa Valentí, la cual triunfó con una silla baja tipo safari, o la casa Gancedo para los tejidos más históricos. En esta época además fundó una sucursal del restaurante "La Reserve" en Santa Susana, decorado exquisitamente por él mismo y siguiendo la propuesta culinaria de los años 20 de su padre. El duque de Alba, los marqueses de Masnou o Cuba estuvieron en su inauguración, junto con diplomáticos y jerarcas franquistas, tal y como recogía una crónica de la Vanguardia del 16 de septiembre de 1967. Como veis, supo estar en lo mejor (y también lo peor al principio) pero... ¿en qué destacó su estilo a lo largo de su vida? 


Vestíbulo para un establecimiento hotelero de los años '60

Pierre Lottier empezó emulando un poco la carrera de Marc du Plantier, otro gran diseñador coetáneo, y la célebre Maison Jansen de Paris. Sus inicios se basaron en la pureza del "Grand Gout" francés, centrado principalmente en los estilos Luís XV y XVI. Más adelante, en los 50, derivó a los estilos ingleses típicos de finales de el siglo XVIII: Hepplewhite, Adam, Chippendale, Sheraton o Gillwood fueron los apellidos con los que Lottier más se inspiró, destacando sobretodo las sillas y sillones lacadas en blanco o negro y decoraciones en dorado pintadas a mano alzada. Hacia 1970 el estilo derivó a una estela más moderna: los nuevos pisos de la burguesía arribista pedían estilos más depurados, y Lottier supo hacer la lectura. Sus nuevos diseños se basaban en el Art Decó y racionalismo clásico, típico de una nueva sociedad más intelectual y "falsamente austera". Cada casa en zonas como Sarrià Sant Gervasi, Pedralbes o barrio de Salamanca y la Moraleja contenían habitualmente un comedor entero de Lottier, un despacho o un salón.

Investiguemos aquí algunos de sus diseños más célebres:

Sillas con brazos inspirada en modelos Sheraton, años '50.

Copete de un espejo estilo Regency de los años '50.

Mesa velador estilo Regency de los años '40.

Silla Valentí de mediados de los '50 

Un aplique estilo imperio de mediados de los '40

Consola estilo rococó-Reina Ana de los años '30

Uno de sus diseños más repetidos fueron este tipo de sillería basada entre un modelo de Hepplewhite y Gillwood de 1795: se realizaban lacadas en negro y dorado o blanco y dorado.

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Familia gran ducal de Luxemburgo: una pequeña dinastía para grandes tiaras

20 Octubre 2021

A lo largo de los dos últimos siglos los Nassau han ido acumulando una vasta colección de joyas entre parures completos, collares, brazaletes y tiaras. Como desde este blog no podríamos abarcar tan ingente cantidad de piezas, nos decantaremos los las tiaras, verdaderas obras de orfebrería que podemos admirar en actos públicos, bodas reales y recepciones. Vamos a repasar 7, las más conocidas de esta familia.

1. Empecemos por tamaño: la tiara imperio

Esta mastodóntica diadema es una de las más importantes de esta casa real, por peso, historia, realización y diseño. Concretamente fue creada alrededor de 1830 por la joyería de Jakob Tillmann Speltz para el uso exclusivo de la Gran Duquesa reinante de cada momento (con lo cual se trata de una pieza totalmente intransferible por tradición).

Tratándose de una de esas joyas que fueron realizadas en los orígenes tanto políticos como territoriales de ese pequeño Gran Ducado, esta tiara es usada habitualmente en los eventos más importantes de este estado. En la abdicación de la Gran Duquesa Carlota fue la pieza escogida, o el día de su propia boda, o por ejemplo, la actual Gran Duquesa Carlota, la usa cuando hay visitas de jefes de estado extranjero o enlaces reales como el de la Princesa Victoria de Suecia con Daniel Wrestling.

2. La tiara “pavo real” de Van Cleef & Arpels

Esta tiara es fascinante solo por la forma que tiene y el tipo de tallas usadas para conformarla. La historia de esta curiosa pieza se remonta a la época de la queridísima Reina Astrid de los Belgas, en un momento en que los modelos de Art Decó llegaban a su máxima expresión. Casa como Cartier, Bulgari o la propia Van Cleef & Arpels, constructora de esta diadema, realizaron joyas con tigres, jaguares, mariposas, libélulas o pavos reales. En este caso, esta alhaja es de las más usadas por la familia real, no tan solo por su línea principal, si no también por las secundarias.

3. La tiara de las hojas de vid

En este caso estamos en frente de la tiara más romántica de la casa: se trata de la que tradicionalmente se usa para los enlaces principales de esta dinastía, ya que como sabéis, las hojas de vid simbolizan la continuidad a través de sus semillas, y el enraizamiento fuerte en la tierra. ¿La relación con una Casa Real es clara, no creéis?

La morfología de esta joya es delicadísima, formada por finas hojas y parras enlazadas entre ellas en la estructura inferior. Aun no destacando excesivamente en cuanto a gemología (no contiene diamantes de gran tamaño), la mayoría de novias la han escogido para tan remarcado día. 

4. La tiara de la Gran Duquesa Adelaida

Seguimos con la inspiración imperio y neoclásica con esta elegante diadema. Fechada como una de las más antiguas dentro de las colecciones de los Orange Nassau, fue creada en la segunda mitad del siglo XIX para la Gran Duquesa Adelaida, uno de los personajes más elegantes de su momento. Hojas y bayas enmarcan un gran zafiro de intensa transparencia y color, gama relacionada directamente con la dinastía Borbón-Parma, una de las líneas directas en el árbol genealógico de los Luxemburgo. Raramente usada por sus descendientes, ha sido recuperada en los últimos 50 años por la Gran Duquesa Maria Teresa o más recientemente por un miembro secundario, la princesa Marie Gabrielle de Nassau.  

5. La tiara Art Decó con esmeralda de Chaumet

Es curioso cómo a veces de varias joyas con poco interés, o incluso feas, puedan salir, conjuntándolas, maravillas como esta tiara: la llamada “tiara Art Decó” nació en la década de 1920 como regalo de Navidad del príncipe Félix a su esposa, la Gran Duquesa Carlota. Realizada por la célebre casa parisina Chaumet, dicha obra de orfebrería, se creó como apuntábamos, a base de reaprovechar varias piezas de los Nassau. Nunca se ha filtrado la cantidad de quilates que suma la esmeralda central tallada en cabochón, pero se presupone que ya formaba parte de la colección familiar y que fue montada en ese momento, quedando un conjunto simétrico y con peso mayestático. En la década de los primeros 2000 esta fue una de las tiaras más usadas por la Gran Duquesa Maria Teresa.

 

6. La tiara gargantilla de Chaumet

Esta tiara, además de tener una configuración muy harmoniosa, tiene una peculiaridad: puede ser montada de 6 formas distintas, algo muy típico de las piezas de principios del siglo XX. Una de las más usuales es usarla como “choker” o ahogadera en el cuello, o a veces, la hemos visto sin las perlas coronadas y como sencilla diadema cerrada. 

 

7. La diadema de agua marinas Nassau.

Por último os mostramos otra diadema que puede ser transformada en collar, y que personalmente a nosotros nos gusta más en esa configuración. Dicha joya fue creada para la Gran Duquesa Charlotte en la mitad del siglo XX siguiendo modelos art decó, y con aguamarinas de un tamaño medio-grande. Dicha diadema fue ampliamente usada por su primera propietaria pero también por su heredera (política), la Gran Duquesa Maria Teresa de Luxemburgo.

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Subarna consigue vender un dibujo Picasso a 85.000€

15 Octubre 2021

La casa de subastas barcelonesa subastó el 7 de octubre una obra preparatoria para La comida del ciego de Picasso por 85.000€. Se trata de una obra trascendental en la trayectoria del pintor malagueño y, más en concreto, de su etapa azul, una de las más conocidas por el público. 

 Según nos cuenta Juan Carlos Bejarano, uno de los expertos en pintura de esta sala, un día se acercó a Subarna un particular aduciendo que poseía una obra de este artista. Cuando se trata de grandes nombres, por lo general y en un primer momento se suele desconfiar, ya que habitualmente se trata o de reproducciones o copias. Sin embargo, al verlo al natural, la primera impresión fue positiva, dada la seguridad del trazo y de la firma; además, el soporte era una tarjeta postal, un material reutilizado y humilde, muy acorde con la pobreza en la que se hallaba sumergido por aquellos años Picasso: sólo quedaba verificar si la obra aparecía reproducida en el famoso y enciclopédico catálogo razonado de Zervos (la “biblia” para cualquier estudioso en la obra de este genio). Efectivamente, allá aparecía junto a otros dibujos preparatorios que Picasso había esbozado para su obra maestra La comida del ciego (1903, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York). 

La investigación continuó intentando trazar la historia y orígenes de la creación de este dibujo. Así, la localización geográfica fue clave para descubrir ciertos detalles: por ejemplo, se trata de una obra estrechamente vinculada con Barcelona, donde ejecutaría esta pieza. En ese sentido, resulta fundamental el testimonio dejado en una carta escrita a su amigo el poeta francés Max Jacob, donde le explicaba: "Estoy pintando a un ciego en una mesa. Sostiene un trozo de pan en la mano izquierda, mientras que con la derecha alcanza una jarra de vino. Hay un perro cerca que lo mira. Estoy bastante contento con él [aunque] aún no está terminado". Por tanto, se trata de una obra que seguramente fue realizada entonces, en agosto de 1903, en Tiana (Barcelona), donde se alojaba en la casa de la familia Reventós. 

Por fechas y localización, se trata en consecuencia de una de las escasas creaciones de su etapa azul realizadas en Barcelona y que aún existían en colecciones particulares barcelonesas; además, tiene el aliciente añadido de que se había dado por perdida esta pieza durante décadas, reapareciendo sólo ahora: como podemos ver, ¡siempre hay Picassos por localizar o recuperar, nunca es un capítulo cerrado para la fascinación de los amantes del arte!


Una firma auténtica y una anterior, apócrifa

Un detalle que seguramente llama la atención es que la firma que aparece en la reproducción de Zervos difiere completamente a la del dibujo hoy aparecido. Pero esto tiene una explicación. En algún momento que aún desconocemos, alguien que no era el autor del dibujo dejó en la esquina inferior derecha una firma falsa. No obstante, los primeros propietarios de la obra, los hermanos Junyer-Vidal, amigos íntimos del pintor malagueño y poseedores de una importante colección de obra suya -entre ellos, algunos dibujos, como éste-, le pidieron a Picasso, probablemente a finales de los años 50 o principios de los 60 del siglo XX-, que firmara él mismo la obra (como así hizo con otras creaciones suyas), procediendo a eliminar la anterior: una prueba de que estamos hablando del mismo dibujo es que aún se puede percibir ligeramente la leve presencia de aquella primera firma, cerca de la más reciente y auténtica. 

Todo esto demuestra, por tanto, que tenemos la ocasión de haber podido recuperar una de las escasas obras del período azul realizadas en Barcelona que aún seguían en esta provincia, ya que el grueso se encuentra hoy día diseminado en colecciones -privadas y públicas- de todo el mundo, dada la gran demanda de obras de este período en la carrera artística de Picasso. Es por ello que es la primera vez que la obra se muestra al público en color, con la firma autógrafa de Picasso. En ese sentido, Subarna se muestra orgullosa de darlo a conocer al mundo y haber podido recuperar esta joya artística.