La Casa Real de Suecia, dinásticamente los Bernardotte, tienen al día de hoy en propiedad de su fundación privada (que no de la Corona) una de las colecciones de joyas más increíbles de toda la historia. Uno de los elementos más destacables son las tiaras, usadas aún hoy día en los eventos institucionales y reales más representativos: algunas fueron heredadas, otras adquiridas en importantes subastas de joyas y otras ofrecidas en las dotes matrimoniales. Y te preguntarás ¿cómo es posible que hayan llegado intactas hasta nuestros días? la respuesta es sencilla: desde el siglo XIX la monarquía sueca ha sido una de las más estables del Europa, sin revolución alguna, no teniendo así la necesidad de vender joyas en subastas.


¿Queréis repasar las 6 más importantes? ¡Allá vamos!


La tiara de Braganza



Esta es una de las piezas más increíbles de la colección real: con un tamaño colosal, fue creada alrededor de 1830 en París para la recién coronada Emperatriz del Brasil Amelia de Leuchtenberg. Realizada con los diamantes propiedad de su marido, Pedro I de Brasil, representa hojas y flores, siguiendo la moda del estilo imperio tardío. ¿Pero cómo acabó esta valiosísima pieza en el tesoro de la Familia Real sueca? Los lazos familiares son la respuesta: cuando los Orléans-Braganza se exiliaron de Brasil llevaron con ellos las joyas imperiales, y al morir Amelia la dejó en herencia a su hermana la Reina Josefina de Suecia y Noruega.


La tiara de camafeos



Nos encontramos ante una de las piezas más primitivas de la dinastía: los expertos auguran que fue creada para la Emperatriz Josefina de Francia, quien la transmitió a su hijo, el Príncipe de Leuchtenberg. A través de su hija Josefina de Leuchtenberg llegó a la familia Real sueca, al día de hoy es considerada la tiara (no-oficial) nupcial. Como su nombre indica, está formada por una importante colección de camafeos realizados alrededor de 1810 y perlas naturales. Además se acompaña de una parure completa de pendientes, pulsera y collar, siendo este conjunto uno de los más maravillosos de todas las familias reales de Europa.


La familia Leuchtenberg fue una de las mejores proveedoras de joyas para los Bernardotte

La tiara de zafiros Leuchtenberg



En este caso seguimos con la familia Leuchtenberg, añadiendo color a la colección real. Se cree que estos grandes zafiros fueron entregados como regalo de bodas a Eugene de Beauharnais por parte de su padre adoptivo Napoleón I Bonaparte (quien sería creado Duque de Leuchtenberg por su suegro Maximiliano I José de Baviera). En ese caso, los expertos la atribuirían con toda seguridad al famoso joyero parisino Marie-Étienne Nitot. Lo inaudito de esta tiara es que es flexible, pudiéndose recostar de forma plana al 100%, facilitando así su colocación en ricos peinados y sobretodo, ayudando a su transporte en un fino estuche. De nuevo, la Reina Josefina de Suecia y Noruega, hija de Eugéne, heredaría este increíble conjunto, trayéndolo consigo a su nuevo reino.


La tiara de botones Bernardotte



Esta sencilla pero rara tiara contiene una de las historias más curiosas de toda la colección. A primera vista podemos ver que tiene dos estructuras claramente marcadas: la inferior, realizada por dos hileras de brillantes y la superior con 6 botones ricamente ornados de brillantes. ¿Qué razón hay de estas dos estructuras? Como seguro habréis supuesto, la inferior es moderna y la superior antigua (y la más interesante). Se trata de los botones que decoraban la corona del Rey Karl XIV Johann, fundador de la dinastía Bernardotte, anteriormente mariscal Jean Baptiste Bernardotte. Sería en la época de la Princesa Lillian, esposa del hermano del Rey de Suecia Gustavo VI, que se montarían de forma original como diadema.


La tiara facetada de metal Napoleónica



La peculiaridad de esta joya yace en sus materiales, que por una vez, no debemos considerarlos nobles: se trata de una tiara realizada en metal y facetada imitando gemas talladas. Tal y como indica su nombre, su origen viene de la corte de los Bonaparte, muy probablemente de Hortènse Beauharnais, Reina de Holanda. Ésta, que no tendría hijas, la cedió a su sobrina Josephine de Leuchtenberg, posterior Reina de Suecia, y de esta forma llegaría al país nórdico.Es anecdótico que esta pieza estuvo en paradero desconocido más de 80 años. No se sabe como desapareció entre los centenares de joyas de los Bernardotte, y no sería hasta hace escasos años, que Silvia de Suecia la encontró en un armario polvoriento del Palacio Real de Drottningholm.


La tiara de diamantes Connaught



Esta tiara es una de las más delicadas y más elegantes de la Familia Real sueca. Como su nombre indica, fue un regalo de bodas de los Duques de Connaught y Strathearn a su hija la princesa Margarita. Esta se casó con Gustavo VI de Suecia y de esta forma traería consigo el regalo. Comprada en 1904 en E. Wolff and Co, destacan sus lágrimas en talla pera (transformables en collar) y los originales bucles en forma de laurel. A lo largo de los años, esta ha sido una de las favoritas de todas las grandes damas de la familia Bernardotte, siendo lucida mayormente en los Premios Nobel y visitas de estado.